Bécquer y su hermano Valeriano:
dos viajeros románticos.
La obra literaria
de Bécquer (1836-1870), no es muy extensa: apenas bastan dos tomos
-si bien bastante abultados- para reunir el conjunto de sus escritos.
Sin embargo es tal su calidad artística que los críticos se atreven
a marcar un antes y un después de Bécquer en la Historia de la Literatura
Española por su modernidad e innovación.
Salvo el teatro (una comedia
y seis zarzuelas) y la Historia de los Templos de España (cuya edición
no pasó del primer volumen), el resto de la obra de Gustavo Adolfo
Bécquer fue concebida para ser publicada en los periódicos de la época.
Y como muchos de ellos aparecieron sin firmar aún hoy es posible que
puedan atribuirse a su pluma algunos artículos publicados en ciertos
periódicos de Madrid del s. XIX como El Álbum de señoritas y Correo
de la moda, El Nene, (que publicó en 1854 su primera Rima: "Tu pupila
es azul y cuando ríes"), La Crónica, La América, El Entreacto y, sobre
todo El Contemporáneo, El Museo Universal y La Ilustración de Madrid,
de los cuales fue director en determinadas épocas. En muchas ocasiones
escribía los comentarios de los dibujos -generalmente costumbristas-
que realizaba su hermano Valeriano y que también eran publicados en
los periódicos.
Vidas paralelas las de los hermanos Bécquer, discretas
de gloria y fecundas en adversidades. Precozmente huérfanos, salieron
de su Sevilla natal hacia Madrid donde emprenderían un camino artístico
paralelo, Gustavo Adolfo en literatura y Valeriano en la pintura,
haciendo del costumbrismo el objeto de sus observaciones estéticas
aunque el poeta alcanzara las cimas de lo inefable tanto cuando medita
sobre la teoría estética de las nuevas corrientes románticas en las
"Cartas literarias a una mujer", como cuando da rienda suelta a la
intuición, la sensibilidad y la fantasía y compone "Las Leyendas"
o "Las Rimas", si bien subyugadas al "cerco de hierro de la palabra",
como él mismo dice, "medio insuficiente e incapaz de reproducir lo
que la mente intuye: el mundo de la idea". Estas obras suponen uno
de los más bellos conjuntos de la literatura española.
Ambos hermanos
permanecieron estrechamente unidos durante sus vidas. Vivieron juntos
sus fracasos matrimoniales y unidos a sus respectivos hijos formaron
una peculiar familia. Viajaron juntos por Ávila, Veruela, País Vasco,
Soria y Toledo y ambas vidas se apagaron con tres meses de diferencia
en el Madrid de 1870: Valeriano en Septiembre y Gustavo Adolfo el
22 de Diciembre, un día de eclipse de sol "al no haber superado la
muerte de su hermano", al decir de sus amigos. Al día siguiente se
reunían estos y decidían recopilar su obra dispersa para dar a la
luz sus "Obras Completas", que se publicarían en 1871, dando así principio
a la fama literaria del más recitado de los poetas románticos.
Una
ruta literaria.
La Ruta de Bécquer es la recreación geográfica que
el propio Gustavo Adolfo describe en la primera carta "Desde mi celda",
crónicas periodísticas que fueron publicadas en el periódico madrileño
"El Contemporáneo" en nueve entregas durante 1864 y describen, a modo
de cartas, el viaje de ida y la estancia de
Bécquer en el Monasterio
de Veruela, así como ciertas narraciones legendarias que acontecen
en el entorno de Moncayo.
Para Bécquer el mundo ideal es la Edad Media
donde el espíritu caballeresco exaltaba los altos valores de dignidad,
valor, defensa del débil, amor ideal por la mujer y de la religión
cristiana y donde el hombre era capaz de iniciar grandes empresas.
Aquel mundo ideal ha desaparecido pero quedan vestigios de autenticidad
en los lugares donde no ha llegado aún el progreso (del siglo XIX)
y, por lo tanto, no están "contaminados de modernidad" según sus propias
palabras.
Ese es el motivo literario de su venida a Veruela: el viaje
ideal a través del espacio (y del tiempo), desde la modernidad de
Madrid hasta la Edad Media que se aparece a través del cenobio cister-ciense
en las faldas del Moncayo, en un valle alejado del trasiego de los
tiempos.
Las sucesivas etapas que narran el viaje desde Madrid son
el acercamiento progresivo del poeta hacia la edad Media. Emplea primero
el ferrocarril, signo de la modernidad más reciente, (la línea había
sido inaugurada hacía dos años), del maquinismo, la velocidad y la
contaminación. Son los tiempos modernos y el poeta, que comparte vagón,
no habla con nadie. Viaja de noche y, en duermevela, se prepara para
su segunda etapa cuando baja del tren en Tudela.
Tudela.
En su obra
"Desde mi celda", puede leerse en la primera carta: "Tudela es un
pueblo grande con ínfulas de ciudad, y el parador adonde me condujo
mi guía, una posada con ribetes de fonda. Senteme y almorcé; por fortuna
si el almuerzo no fue gran cosa, la mesa y el mantel estaban limpios.
Hagamos esta justicia a la navarra que se encuentra al frente del
establecimiento... "Esta era Dña. Martina Zunzarren, de 54 anos, viuda
de Julián Pelairea, que regentaba la Fonda de Pelairea, hoy Hostal
Remigio y donde se recuerda el paso del poeta en una placa que simula
un pergamino. Junto a una fotografía del poeta se lee:
Ruta de Bécquer:Tudela, Tarazona, Veruela, Cascante, Fitero. Desde este lugar, después
de comer, se trasladó el poeta a Tarazona y Veruela.
No dedica el poeta
animosas palabras para Tudela, lo que es sorprendente dado su carácter
monumental. Un silencio que no tiene explicación si tenemos en cuenta
la sensibilidad del poeta por lo antiguo, salvo que no le interese
subrayar las bellezas artísticas de Tudela porque no está acorde con
la descripción ideal de su viaje desde lo moderno (Tudela tiene ferrocarril
y por ello aún es moderna), a lo medieval.
Merece la pena destacar
la descripción que hace de la salida de la diligencia hacia Tarazona
y los tipos costumbristas que le acompañan en el vehículo: magistrales
pinceladas de la vida en el siglo XIX. Desde la diligencia vuelve
la vista hacia la ciudad navarra para ver cómo "las torres de Tudela
desaparecieron detrás de una loma bordada de viñas y olivares".
Tarazona.
"Tarazona
es una ciudad pequeña y antigua...Cruzando sus calles con arquillos
y retablos, con caserones de piedra llenos de escudos y timbres heráldicos,
con altas rejas de hierro de labor exquisita y extraña, hay momentos
que se cree uno trasportado a Toledo, la ciudad histórica por excelencia".
Bécquer
se despide de sus compañeros de viaje con los que ha compartido almuerzo
y diálogos y se adentra por su imaginario viaje a través de los siglos
mediante la sugestiva compañía de un laberinto de calles, blasones
raídos de casas solariegas, callejones con arcos y una arquitectura
popular muy original y artística, que le evoca la imperial Toledo.
Se advierte un acercamiento al final de su viaje pues se le nota más
plácido en su narración y más solitario.
La carta quinta de "Desde
mí celda" recrea de manera inigualable, el espléndido cuadro de costumbres
de la Plaza del Mercado de Tarazona, con tipos y situaciones que nos
ponen al día en la indumentaria y las costumbres aragonesas del siglo
XIX. En esta carta es magistral la descripción de las añoneras y las
reflexiones a las que llevan al poeta.
Tarazona, agradecida a la pluma
del poeta por tan bellas páginas, hizo colocar en esa Plaza del Mercado
(hoy Plaza de España, donde se ubica el artístico Ayuntamiento), una
placa de piedra en el escudo de la Ciudad y la siguiente leyenda:
Tarazona
a gustavo Adolfo Becquer. Esta plaza antigua del Mercado, fue visitada
en distintas ocasiones por el famoso poeta y descrita en sus "CARTAS
DESDE MI CELDA".
En las proximidades de Tarazona sitúa Bécquer el escenario
de la leyenda "Un lance pesado", tragicómica aventura que sucede al
propio escritor una noche de insomnio y tormenta en un fonducho de
mal agüero, situado a mitad de camino entre Agreda y Tarazona: era
la Venta del Sevillano, entre el Barranco de las Cabras y el de Valdarcos.
Fue publicada en "El Contemporáneo" el 15 de Marzo de 1863.
Veruela.
Montado
en una mula "como en los tiempos de la Inquisición y el rey absoluto",
hace la última parte del trayecto el poeta, entre Tarazona y el melancólico
y silencioso valle de Veruela. Una mula que le lleva a los tiempos
remotos, medievales, ante la vista, al fin, de las vetustas murallas
y puntiagudas torres del monasterio, término de su viaje real desde
Madrid y simbólico en lo literario hasta la Edad Media, que se representa
en la abadía cisterciense, entonces semiabandonada como resultado
de la Desamortización, y que se alquilaba, por celdas, a los iniciales
turistas de la modernidad, si bien el motivo principal de la estancia
de Bécquer en Veruela, es la salud. Bécquer había llegado a Veruela
en Diciembre de 1863, acompañado de su mujer, su hermano Valeriano
y todos sus hijos, prolongando su estancia hasta Octubre de 1864.
La descripción de la primera carta corresponde a un rápido viaje que
él hizo en el mes de Abril - seguramente sólo- a Madrid, a resolver
ciertas cuestiones de trabajo.
Estos meses en Veruela serán especialmente
fecundos para ambos hermanos. Para Gustavo porque escribe y envía
al periódico las crónicas que van a ser una de sus obras maestras:
"Desdemi celda". Y porque aquí se inspiró para escribir varias de
sus leyendas, como veremos. Para Valeriano porque sus andanzas en
Veruela y sus alrededores más o menos próximos le sirven como fuente
para numerosos dibujos, Expedición en Veruela y Spanish Sketches,
y alguno de sus mejores cuadros.
La abadía cisterciense de Veruela
fue fundada en 1146 por monjes franceses de Scala Dieu y bajo los
auspicios de un noble borjano: Pedro Atares. La leyenda de su fundación
se narra en el último capítulo de "Desde mi celda", que se titula
"La Virgen de Veruela", mientras que su deliciosa descripción queda
para la carta segunda y parte de la tercera. En la sexta se narra
la terrible historia de la tía Casca, una bruja de Trasmoz, mientras
que la séptima y octava recogen la legendaria construcción del Castillo
de Trasmoz, historias que han dado pie a una abundante literatura
oral y popular con la que aún hoy, y tras generaciones, se sigue estremeciendo
a los niños de la comarca.
En el interior del recinto amurallado del
Monasterio y junto a una de las puertas de la entrada al Palacio Abacial,
unos azulejos recuerdan la presencia de Bécquer: "En un doloroso alto
de su vida (1864) Gustavo Adolfo Bécquer vivió la cristiana paz de
este recinto, legándonos como frutos sus "Cartas desde mi celda".
Moncayo.
Veruela
es el hito esencial de esta Ruta literaria becqueriana por cuanto
allí permaneció durante casi todo 1864 y se forjaron sus cartas "Desde
mi celda". Y sobre Veruela y su entorno ejerce su influencia decisiva
el Moncayo, cumbre superior del Sistema Ibérico y conjunto de elevaciones
que dan singularidad geográfica al entorno becqueriano de Veruela.
A
sus excepcionales bellezas paisajísticas une un entorno natural bien
cuidado y protegido lleno de variedad floral y faunística. Incluso
los pueblos de sus alrededores guardan un carácter pintoresco poco
maltratado por la modernidad.
También el Moncayo es necesario en las
narraciones de Bécquer. La leyenda "Los ojos verdes" está ambientada
en las boscosas umbrías del Moncayo y narra la trágica historia de
un joven enamorado de una ondina que habita las profundas aguas de
una fuente. Publicada en El Contemporáneo en 1861, nos da cuenta que
el poeta conocía estos lugares antes de su viaje a Veruela de 1864.
Por
otra parte la leyenda aragonesa "El Gnomo" también sitúa su acción
el el Moncayo y vuelve a hablar de amores entre jóvenes muchachas
y los espíritus diabólicos que habitan las entrañas de la sierra.
Esta fue publicada en La América el año de 1863.
Fitero.
Cerrando el
bucle de este itinerario por la geografía literaria de Bécquer en
tierras de Navarra y Aragón, concluimos en el pueblo de Fitero, cuyo
balneario próximo parece que Bécquer visitó al menos desde 1861, seguramente
tras su matrimonio con Casta Esteban (celebrado el 19 de Mayo de 1861),
a tomar las aguas en compañía de su esposa.
Las particularidades del
lugar, su proximidad con el entorno verolense y la imaginación del
poeta dieron lugar a que Fitero y Los Baños fueran el escenario de
dos famosas leyendas de Gustavo Adolfo.
"El Miserere", publicada en
El Contemporáneo en 1862, se ambienta en la abadía cisterciense de
Fitero y describe la historia de un peregrino que, tras la fantasmagórica
visión de un crimen horroroso, trata de llevar a la música los lamentos
y la desesperación de los difuntos.
"La cueva de la mora" es una leyenda
de inspiración medieval que conjuga amor, religión, paisaje y tragedia.
Frente a Los Baños de Fitero, al pie de un cortado rocoso, se abre
una oquedad junto al río donde el poeta situó la acción de la leyenda,
que fue publicada en El Contemporáneo en 1863.
"La fe salva" es una
leyenda tradicionalmente atribuida a Gustavo Adolfo Bécquer, que se
desarrolla en los Baños de Fitero pero recientemente se descubrió
que es apócrifa; su autor es Fernando Iglesias Figueroa, bien conocido
por ser "inventor" de cartas, rimas y narraciones de Bécquer, siendo
en realidad suyas. Incluso fue autor de uno de los engaños más perdurables
del universo becquerista: sus amores con Elisa Guillen.
Becquer y Navarra.
Además
de lo contenido en "Desde mí celda" y las leyendas reseñadas, al menos
en tres ocasiones más Gustavo escribe sobre Navarra. Veamos:
"Casa
de Ablativo", fue publicado en El Contemporáneo el 21 de Agosto de
1864. Sobre un calor sofocante, realiza el viaje inaugural del ferrocarril
Madrid-Irún, con desvío por Valladolid. Es una crónica de diecisiete
horas de viaje en que describe, en clave de humor, pueblos y ciudades
por donde discurre el tren. Olazagutía le parece un paisaje de juguete,
"de esos que pueden fabricar los niños con una caja de juguetes alemanes
o suizos que venden en casa de Sckrok". A partir de aquí -observa-
es donde se pueden comprobar las magníficas obras realizadas a base
de puentes y túneles que salvan cordilleras y profundas gargantas.
"Roncesvalles", publicado en el Museo Universal el 28 de Enero de
1866 recoge las reflexiones del poeta tras un viaje a pie entre Hurguete
y Roncesvalles, sobre el antiguo esplendor de la Edad Media y la gesta
de Roncesvalles. "El Castillo Real de Olite", raído por el tiempo
y las guerras le sirve de excusa ideal para románticas evocaciones
sobre el esplendor pasado. Olite le gusta porque conserva su carácter
original y "la moderna civilización no ha llevado aún la manía de
las demoliciones y las restauraciones".
Esta guia ha sido editada
por el M.I.Ayuntamiento de Tudela y se encuentra a su disposicion
en la oficina de turismo "Punto de encuentro" de Tudela. Tfno: 948
84 80 58. E-mail: puntodeencuentro@tudela.com